Preámbulo



Un extraño se acercó dando traspies hasta mi mesa.
A bocajarro ordenó:
"Quiero un trago que me despierte."
En el perenne intento de mezclar sabores con palabras descafeinadas, invento historias agridulces hasta encontrar la fórmula deseada.






La pregunta olvidada



Renata se despierta. Para ella es igual que sea un lunes, jueves o domingo. Su calendario aburrido se pierde en las callejuelas de un laberinto. Un bostezo prolonga la estadía en su cama despoblada de alegría. Sin detergentes que lave su vestido de esperanzas, ni azúcar que endulce sus largos días.

En algún lugar en la cocina, dejó guardado en una taza, el botón de la camisa de Mario, su marido. Cuando una madrugada de un día feriado, escapó con la vecina.

Se limpió las legañas y decidió por fin levantarse. Tomó su vestido gris y sus zapatos de tacón y junto a la tristeza, las dobló cuidadosamente en una caja de cartón.

Caminó hacia la playa, lanzó la caja, la cual se despedazó en las olas, la tristeza se ahogó en la mar. Renata regresó sola.

Todo era nuevo, el sol se maquilló de oro, las calles brillaban recién pintadas. Los gatos maullaban un hermoso concierto sobre el techo, los perros persiguen palomas maromeras. Renata era otra mujer, todos preguntaban…
Mujer, estas hermosa… ¿Qué te has hecho?

Nadie le hizo la pregunta: Mujer ¿De qué te has liberado?
Pero si la respuesta es excelente, la pregunta es de menos cuidado.

La otra verdad



Fernando siempre pintaba pajaritos en el aire….
Su musa era Margarita, una chica que llegó a estudiar a la Uni desde Venezuela.
Los días pasaban entre Ciencias exactas, inglés, literatura y otras materias.
Los fines de semana, se iba con ella a montar bicicleta, pero Fernando callaba su amor, la timidez le cerraba las puertas. Por las noches habitaba en su isla imaginada de cuatro habitantes. Ella, dos hijos y él en una casita azul con jardines de bambú y lámparas colgantes.

El jueves se enteró, por chismes que ruedan por los pasillos que Margarita guardaba secretos en su piso de estudiante. Que tenía quien durmiera con ella, tenía un amante bandido.

Su corazón galopaba salvaje en las praderas de su pecho.
-No puede ser verdad-Se decía amargamente-Ella debe saber que la amo como a nadie, que me lo diga en la cara, a esto tengo derecho.

Se armó de valor, compró un ramo de flores, bebió tres tragos de coñac y por si acaso, un trago doble de ron. Caminó por las calles estrechas, con la prisa de un atleta que corre un maratón.
Al llegar a la casa, creyó oír voces alegres detrás de la puerta. Tocó con un miedo que arde. Con el presentimiento del que está llegando tarde. Nadie respondió al eco de sus nudillos.
Sus pupilas alcanzaron ver a Margarita tras los visillos. Vio su cuerpo desnudo en sábanas con figuras de estrellas. Besaba con fruición los pechos erectos de otro ser tan femenino como ella.

Cronografías de mi sentencia


Mis pies desnudos se hunden en el lodo fresco.
Desde el oriente, el sol cae a latigazos sobre mi adolorido lomo.
“Comerás con el sudor de tu frente..."
Uñas sucias de tierra y barro, manos ásperas y callosas arrancan de cuajo la yerba...Las estaciones me han enseñado como.

El campo se levanta ante mis ojos, una cosecha de arduo trabajo.
Mis padres me enseñaron a dar gracias por la preñez de la tierra.
A veces mi paciencia se ahoga en la fertilidad de la hiedra.

Cruzo el río que nos separó del jardín perdido, busco mi hermano. En las faldas verdes de aceituna, mi memoria dice que lo consigo.
El agua lavó el lodo de mis pies, pero no las manchas de la ira. Lo busqué donde siempre lo hallaré, vestido de pieles de ovejas. Olor nauseabundo a pastor libre. Su figura varonil pasea entre margaritas salvajes de la colina, que crecen entre las piedras.

Rostro hermoso, ojos de estrella mañanera, lo encontré masticando hojas de menta, mientras prepara un cordero en mi espera.
-Hermano, ofrezcamos lo mejor de nuestro capital. Me dice con una voz dulce que ya comienzo a odiar.

De algún modo sabía de meteorología, algún conocimiento extraño sobre las tormentas. Una lengua de fuego escapó del cielo, un bocado eléctrico comió su ofrenda.

Mi cosecha quedó indiferente bajo la lluvia, esperando quien la entienda. La envidia corroe mis huesos, como salitre de mar a las cadenas.
Aquello fue un trago amargo para mi añejo orgullo; no recuerdo el cuerpo del delito, si un tronco de un árbol, una piedra o mis puños.

Corrí a esconderme del sol, la luna y las estrellas. La voz de mi hermano me halló vencido y mudo, por las estelas de sangre que dejaron mis huellas.
Esa deuda , la cobrarán mis hijos en una cuenta sin fín...
Si acaso soy tu padre...tal vez eres mi hijo, o mi hija.
Estoy condenado ¡Yo soy Caín..!

Breve lección de una maestra

Nunca entenderé porqué en las Islas británicas se conduce por la izquierda, temo, doblar una esquina y meterme en una neblina que te traga y desapareces.
Definitivamente, Inglaterra es para los ingleses.

Me detuve en un bar de Southampton, entre rostros rojos y casacas pink, alguien preguntó-Something to drink?
-A fresh beer, Please- Pedí a un sujeto tatuado en los brazos y una argolla incrustada en la nariz.
El tiempo voló a pedazos, mi reloj marcó la hora, me dispuse a partir.
-Where are you going Sir?
Era la voz de una chica morena de mirada exótica y caminar elegante. Me hizo olvidar las bebidas alcohólicas, que había tomado antes.
-No llevo extraños-Respondí precavido.
-Vamos guapo, arriésguese: No me lo comeré vivo.
"La mejor forma de evitar la tentación, es cayendo en ella", Oscar Wilde ya lo dijo.

Las horas de camino, me parecieron nada lentos, hablamos de todo, de su país y del mío, pues me delató mi acento. Era chica audaz, coqueta, una mente inteligente detrás de aquel rostro con sonrisa de fresa.
-¿Qué haces en Inglaterra? Disparé cauteloso.
-Doy servicios a domicilio, me dedico a domesticar osos.
-¿Domesticas osos? Pregunté por si entendí mal.
-Si…de esos osos que una vez domesticados, te dan plata cuando le sabes castigar.
-¿No temes que te hagan daño? Pregunté haciéndome el inocente.
Cuando conduces un coche por estas avenidas-me dijo mirando a los ojos-No sabes dónde te golpeará el otro auto, si de lado, de frente, por detrás…You never know right?
-Right, dije no muy convencido.
-Yo sé siempre dónde me darán.

Llegamos a London City. Ella se apeó, lanzó un beso y su figura de carnes prietas desapareció en la niebla.
-Qué lástima -me dije-Nunca entenderé porqué en las Islas británicas se conduce por la izquierda. Mientras las hojas caen de una rama que se mece, definitivamente que Inglaterra es para los ingleses.

La venganza de un espejo.


-Me encantas cuando pones esa mirada de matador, capaz de dorar los panecillos del horno.
Dijo con voz de mermelada, imitando a un actor de esos que se oyen en líneas de porno...Con gestos pausados y ensayados, se tocó la barbilla sin mirar a su entorno.
Lanzó un beso al aire, pasó las yemas de sus dedos untados de saliva en sus cejas arqueadas y brillantes. Muecas extrañas mientras tocaba sus dientes blancos dignos de anunciar enjuagues y pastas dentales.
Por sexta vez se arregló el nudo de la corbata de seda blanca y rojos lunares.

Mariano hacía todo esto frente a su imagen reflejada en un espejo.

Con fanfarrias contenidas miró su reloj y encendió un monólogo pendejo.
-Espejito, espejito… ¿Quién es el galán más listo del planeta?
Diciendo esto, de su cintura sacó una pistola imaginaria e imaginariamente disparó contra su figura de atleta.

Algo inaudito pasó. Su imagen reflejada en el espejo si le disparó; Un tiro a quemarropa y al corazón directo. Mariano murió instantáneamente con un orificio en su pecho.

Recuerdo que llegué a la escena desde lejos, agotado con un horrible sueño que me vence, pues soy un investigador patólogo, un médico forense.
Allí a solas los tres: el difunto, el espejo y yo. Nadie sabe nada, nadie oyó el disparo.
Mariano yace en suelo con los ojos abiertos y asombrados.
Anoté en mi libreta con letras rojas para que no escape de mi vista.
Cerré el archivo como un caso típico de un suicidio narcisista.


....................
Al leer la nota y guardar mi carpeta, tuve la osadía de preguntar al espejo sin que nadie oyera,

“Espejito, espejito… ¿Quién es el investigador más listo del planeta?”